Uno de los últimos colaboradores que me quedaba por nombrar era Juan Salvador Izquierdo Martínez, original de Valencia y diseñador 2D y 3D en “El Enigma de la Abadía”.
Juan, de 34 años de edad, entró a formar parte en nuestro grupo a raíz de un anunció que publicó Diego en el cual necesitábamos diseñadores 3D. Casi instantáneamente después de la contestación de Diego, se puso a diseñar como él bien sabe, con mucha, mucha energía, aunque contener a nuestro demonio de Tasmania particular, ha sido una labor realmente difícil y es que parar y encauzar esta mente creativa y trabajadora, no ha sido labor de novatos.
Su labor ha consistido, sobre todo, en el diseño y la creación de objetos y mobiliario para este videojuego, aún así, más de una vez esta máquina creativa, ha intentado adentrarse en otros mundos, tales como escenarios e incluso personajes y es que Juan no puede dejar de aprender y trabajar (Incluso empezó a darme lecciones de 3DS Max, las cuales debo retomar algún día).Pero además es un magnífico dibujante, que muestra perfectamente en lápiz y papel lo que posteriormente diseñará y gracias a este manera de trabajar, hemos podido seleccionar el boceto correcto, porque si una cosa está clara, es que casi nunca Juan y yo estaremos 100% de acuerdo en algo y finalmente tengo que recordarle los posibles anacronismos, diseños de la abadía, donde está ubicado y demás, ya que Juan nunca se conforma con un no a secas.
Difícilmente se puede domar a esta fiera llamada Juan, pero al ser una persona absolutamente lógica, podemos finalmente llegar a un consenso. No quiero que esa capacidad creativa que él tiene se pierda, quizás se parece demasiado a mí, aunque reconoce que le gusta hacer las cosas de una forma determinada y a veces coordinarnos de una manera efectiva es realmente difícil.Diseñador gráfico de profesión, músico toda la vida, es casi imposible que sea una mente plana, por eso crea y crea, pero además con el paso del tiempo, ha mejorado, como con los buenos vinos y ha sabido entender perfectamente lo que necesitaba.
Juan, no cambies nunca, has sido mi pañuelo de lágrimas, mi salvador y mi maestro, pero de vez en cuando, una tila sienta de maravilla.











